
Se conserva la original bóveda de pino oregón sin intervenciones sobre la nave mayor, cruzada por cerchas del mismo material. En su inicio presentan tallados que caracterizan el interior de la iglesia, como el trébol escocés, en este caso de cuatro pétalos (arriba-izquierda).

Se mantiene la original bóveda de pino oregón sin intervenciones, cruzada por cerchas del mismo material desde donde cuelgan las lámparas, éstas últimas introducidas por Héctor Lavanchy durante las reparaciones al templo (1989 aproximadamente). Los vitrales de las murallas longitudinales de arriba y abajo también fueron hechos por Lavanchy, quien además se ocupó de todo el cambio estético y ornamental de la iglesia.
La bóveda mantiene dos pequeños respiraderos, que junto a los vitrales superiores de los muros, no alcanzan a ventilar lo suficiente en invierno. Esto produce una condensación de la humedad encerrada al bajar la temperatura en la noche, que puede eventualmente afectar los materiales del interior.

Desde la bóveda pende una lámpara de grandes proporciones, poco antes de comenzar la zona del presbiterio donde se resguarda la lámpara del Santísimo.
Esta última dispone de un mecanismo que permite subirla y bajarla, y se encuentra en buen estado, correspondiendo a la original cubierta de oro.
Utilizó originalmente aceite para iluminar, pasando posteriormente a la energía eléctrica.

Perspectiva que permite apreciar el cielo de una nave lateral, también pintado y más bajo que la bóveda sostenida por arcos ojivales (fondo). Los vitrales llenos de luz no corresponden a los originales sino a reemplazos tras el terremoto de 1906.

La pintura de la bóveda simple, hecha por Alejandro Boulet, presenta un fondo de azul italiano con estrellas que destellan nítidas en la penumbra de lo alto. Lo peculiar de éstas es que fue elaborado su color con oro. No presenta deterioros visuales.

La bóveda de pino oregón de los sagrados Corazones conformada por arcos ojivales, mantiene sus valores plásticos, pictóricos, formales y estructurales originales. Su pintura hecha por Alejandro Boulet presenta un fondo de azul italiano, con estrellas que destellan nítidas en la penumbra de lo alto. Al fondo se distingue el original órgano francés en excelente estado y uso. Los vitrales en lo alto no son los originales.

Desde el piso de la nave lateral derecha, se advierten los cielos planos de las naves laterales pintados de blanco y cruzados por vigas perpendiculares a la dirección de la iglesia. La bóveda de cañón corrido (al fondo) originalmente contuvo diseños cenitales, removidos tras la reparación general por el terremoto de 1971. Las lámparas también se asocian al estilo de la iglesia, acompañando con la antigüedad a ésta.
El cuerpo de naves mantiene los muros de adobe macizo, y las columnas originales sólidas.
Según cuenta el hermano Fernando Candía, el incendio fue catastrófico para la iglesia, por cuanto perdió toda ornamentación y partes estructurales del interior. Los muros de adobe actuaron como un horno de barro, fundiendo todo el interior, y provocando el desplome del techo. Quedan originales los muros de adobe, la torre y pórtico de ladrillos, la zona del presbiterio (que tras el incendio se descubrió que también era de ladrillo), y las columnas bajas de la entrada (quedaron de ellas sus cuartones).
Formalmente, la antigua iglesia era muy parecida a la actual, pero de menor ornamentación. Según el hermano Candía, se llegaron a contar 13 colores antes del incendio.
Para reconstruir la iglesia, se usaron maderas traídas por barco desde Chiloé, incluido el carpintero.El conjunto del altar mayor, retablos y púlpitos fueron donados tras el incendio por las monjas de la Sagrada Familia. Aquella fue la vez cuando se retocaron con pintura, hasta hoy, y su mayor deterioro radica en termitas y otros xilófagos que debilitan la madera.
Se estima que éstos, provenientes de la capilla de la Merced, tienen su origen entre los años 1850 - 1860.

La bóveda original era pintada de azul y llena de estrellas, ornamento que según el padre Candía, fue influido desde Chiloé por los franciscanos residentes de la isla, donde se usa este detalle. Hoy se constituye por pequeñas piezas de madera de pino y lingue barnizados, cada una martillada tabla por tabla.
Las columnas que se ubican a la entrada, cruzando perpendicularmente la nave central, fueron las únicas que sobrevivieron al incendio, y a través de las cuales fue posible saber el tipo de madera para usar en la restauración de la iglesia.

La bóveda del templo es de terceletes, denominación dada por la distribución de los nervios. Se compone de los siguientes elementos:
Arco formero: ubicados en las caras laterales como arcos apuntados, funcionan como esqueleto que aligeran la bóveda y permiten una estética ascensional.
Arcos fajones: cruzan perpendicularmente, de un lado a otro la bóveda, junto a los diagonales.
Plementos: áreas entre los nervios, en este caso, de madera.El uso de bóvedas con nervios de refuerzo no fue innovación del gótico, pero es cuando tuvo un mayor desarrollo. Respecto a su función estructural, aún no está evidenciada ya que templos europeos de post guerra perdieron estas secciones sin manifestar daños.

Proyecto Documenta es una iniciativa localizada en Valparaíso, Chile. Tiene una licencia Creative Commons de junio del 2007.
El proyecto fue financiado por el Fondo Nacional de la Cultura y las Artes en su línea Conservación y Difusión del Patrimonio Cultural.